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Profesora de Filosofía del IES Mariana Pineda (Granada)

La verdad como utilidad: Jeremy Bentham



¿Puede ser algo considerado verdadero simplemente porque es útil?
Esta era la idea que defendió Jeremy Bentham a finales del siglo XVIII, fundando una corriente filosófica que tuvo una honda repercusión en el pensamiento anglosajón: el Utilitarismo.

Jeremy Bentham (1748-1832)

Los utilitaristas  presuponen que no existe “La Verdad”, es decir que no hay una única descripción correcta de la realidad. La verdad es relativa a nuestras circunstancias concretas, nuestros intereses y prioridades. El utilitarismo considera que las ideas verdaderas son aquellas que se revelan como más útiles, en el sentido de que las consecuencias prácticas de su aceptación contribuyen al bienestar y la felicidad humanas. Por eso  la verdad de una idea se define por su utilidad, es decir, por los resultados o consecuencias producidos por ella. De ahí que esta doctrina se conozca también con el nombre de consecuencialismo.

El utilitarismo parte del supuesto de que todo ser humano persigue la mayor felicidad posible, esta es el objetivo de todas sus acciones, públicas-políticas y privadas-morales. Una felicidad que concibe, además, de modo hedonista; se busca en el fondo y siempre aumentar el placer y disminuir el dolor. Lo correcto es pues, todo lo que promueve la felicidad.

Ahora bien, hay que entender que Bentham no defiende el placer fácil e inmediato, sino de calcular el efecto a corto, medio y largo plazo de la actuación, algo que a corto plazo puede resultar un sacrificio, puede ser muy beneficioso a largo plazo. Por otra parte el utilitarismo tampoco es un egoísmo individualista. De acuerdo con las ideas de Bentham, lo que es bueno solo para mí, y me enfrenta a los demás, acaba convirtiéndose en algo malo. Así que el mejor modo de fomentar el propio interés es promover el interés global, el bien es mayor cuando lo es para todos.

 El utilitarismo nos anima a calcular cuidadosamente las consecuencias de nuestras decisiones. Por ello, cuando estudiemos las diversas opciones con las que contamos, consideraremos correcta –y por lo tanto, verdadera- la que tenga consecuencias positivas para la mayor cantidad de personas.


El sentido del utilitarismo se comprende mejor si tenemos en cuenta cuál fue la intención de su autor. Bentham pretendía reformar la legislación británica, que en aquella época mantenía unas desigualdades sociales y políticas muy grandes. Como era un ilustrado, defendía un orden social basado en el análisis racional de lo justo y de lo injusto. Simplemente trataba de trasladar a la vida social y política la sensata idea de calcular los costes y beneficios de cada idea, adoptando en cada caso, como correcta aquella que sea más beneficiosa en términos de felicidad general. 

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